
THE BROWN BUNNY: EL PROBLEMA DE LA AUTORÍA O EL DESEO HECHO SUPERFICIE
El ejercicio de autoría en Brown Bunny no tiene que ver con que Gallo firme la mayoría de los roles técnicos de su última película (dirección, actuación, producción, fotografía, montaje...etc), convencerse de ello contradice la historia del cine de autor de manera imprudente. Lo que sí logra Gallo con sus créditos narcisitas es poner en crisis (o molestar) los modos de producción del cine industrializado y diferenciarse. La verdadera autoría de la película reside en que mente y cuerpo (este último es forma y literalmente cuerpo físico) estan concebidas através de una misma moral. Más que acciones, Bud viaja motorizado por pulsiones originales, que toman diferentes formas (cámara, sonido, montaje, actuación) pero son finalmente materializaciones de una mísma semilla. De esta manera, vamos perdiendo el límite entre el Gallo autor, el personaje, el plano, y su música. Todos además en su forma mas límpia y económica.
Es decir, mínimo efecto para máxima proliferación de sentidos. El ejemplo mas claro de ello es que el “conflicto central” de la película (la violación impune de Daisy) es presentada en los últimos minutos de la cinta, como un vistazo fugaz (de la misma manera que Bud precencia los hechos) de la vejación con los instantes escenciales de la acción y no mucho mas. La película esta plagada de estas operaciones, aunque su sutileza las hace casi imperceptibles a una primera mirada. Como la secuencia en que Bud para a comprar una Coca Cola y se queda mirando a una rubia triste identificada por su cartera como “Lilly” (todas las mujeres de la película no pierden tiempo y se identifican con sus nombres en sus accesorios). El plano es general, y en el podemos ver a Lilly de espaldas y a un dudativo Bud volviendo a su camioneta. Entonces se produce el punto de inflexión entre su deseo y lo real. Bud se acerca, no hay nada que decir, se besan, el sentimiento es mutuo. Como es frecuente, lo que sigue es el abandono. Se para y camina hasta exactamente el mismo punto en el mismo plano en donde quedó cuando dudaba si acercarse a la mujer. De alguna manera el beso parece quedar anulado en el deseo incesante de Bud. Como una gran metáfora de toda la película, nada sucede, o por lo menos nada palpable que no habite en el hermetísmo de las fantasías de su autor.


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