THE BROOD(1979), experimentaciones biolofílmicas de CRONENBERG
Se escucha por debajo de todos los filmes del canadiense "Viva la nueva carne" (Videodrome-1983) una y otra vez. Su pasión visual por los fluidos corporales y por las transformaciones que puede sufrir el cuerpo humano son tema referente en cada uno de sus films. Hay un fetichismo marcado por ver lo que a occidente más le cuesta ver, y esto no es simplemente sexo y violencia, sino que es carne, sange y sobre todas los fluidos corporales. Lo denominado abjecto. Todo aquello que surge placer visualizarlo por su desagradable composición orgánica y poco definida. Así sus películas se pierden en definiciones y se hacen novedosas, no tanto por sus estructuras narrativas, sino que por las instalaciones que hay al interior de ella.

The brood (cromosoma 3) tiende a ser un guión clásico, de exactos 90 minutos, tiempo adecuado para este tipo de películas, pero su relación visual con el espectador, como casi toda la filmogrfía de Cronemberg, la hace especial, esto sumado a sus metaforas que dejan de ser metáforas al momento que las hace visuales y reales generando así un film alejado de la poesía metafísica, instalandolo dentro de una literalidad precisa. La historia es muy simple, una madre enferma que trata su ira con un médico con un método bastante extraño de tratar a sus pacientes, genera niños anormales que asesinan satisfaciendo sus deseos de odio sobre ciertas personas. En el contexto del cine fantástico ya se habían dado casos en donde los niños son seres malignos, y Cronenberg retoma esta idea, pero ahora los hace diferentes, sin ombligo, sin aparatos genitales, provocando así un doble miedo con respecto a ellos. El primero lo instala como un miedo a su no moralidad, dejando fuera su inmoralidad, son seres aculturizados aún. Actúan como fenomeno de sus deseos y de sus capacidades finalmente, pero no con la intención de hacer el mal. Eso es claro en la obra del canadiense, el mal como fenomeno más que como deseo maligno, en este caso es el mal como fenomeno de un deseo maligno literalizado. El segundo miedo ya lo había instalado Lynch anteriormente en Cabeza borradora, y se refiere a su aformidad, son creaciones virales, por ende creaciones entre una enfermedad y un cuerpo. Es el miedo a la biología, pero con una mirada exsitante más que como una molestia, lo que repele y fascina a la vez .
Es un juego común de este director la operación hipérbolica, de llevar al extermo sus deseos, sus visualizaciones y sus miedos, y eso hace que sus filmes tengan una carga autoral tan marcada, y un fetichismo que se ha ido renovando con el tiempo. "Es realmente un triunfo ser un virus. Mira las películas desde el punto de vista de las enfermedades. Podrás ver porque resistirian todos los atentados para destruirlos". Estas palabras de Cronenberg aparecen visualmente en su realización, el encanto por el virus, por su no decisión maligna, sino que su deseo de persistir viviendo, de adaptarse a su hábitat, que es en estos casos el cuerpo humano. No es el mal que se destruye y se acaba y todo vuelve a ser normal, es un mal sin causa, u
n mal fenoménico, que nace y se expande, sin poder determinar sus puntos iniciales ni finales. En The Brood esta idea se pierde un poco, no tanto así en sus otras obras, ya que el mal, si bien es un fenómeno tanto biológico, como mental y físico, deja de ser inalcanzable, ya que no se propaga con la idea de ser un virus, sino que lo hace desde una sola base que al ser destruída destruye a sus progenitores, aunque deja a la ambiguedad esto en un plano final en el brazo de la pequeña Candy, objeto principal de lucha en el film entre el padre (el civilizado) y la madre histérica. Y es en ella donde reside otro punto interesante de la película, ya que el postulado de la deformación corporal por una histeria mental, es que mentalidad y cuerpo están juntos y actúan paralelamente sin ninguno tener más furza que el otro, y posiblemente sea el cuerpo quien tenga algo más de fuerza. Deja de lado el "volver a ser quien fui", quien sufra trasformaciones corporales también las sufre en la conciencia y es ella la que se debe acomodar a los sucesos.
Por otro lado, suspenso que en ocasiones funciona, en otras no. Actuaciones algo forzadas y una banda sonora que genera atmósferas extrañas de cine fantástico, pero es en sus secuencias más elaboradas, donde la operación fantástica y violenta está en acción presente donde la película comienza a tomar fuerza, en su bizarrismo, que es solo la primera capa de una serie de sentidos, miedos, obsesiones y postulados que parten en la ciencia, tan recriminada por el mundo del "arte"(en su expresión más cerrada), pero que se hace fundamental a la hora de hablar contemporáneamente.
Se escucha por debajo de todos los filmes del canadiense "Viva la nueva carne" (Videodrome-1983) una y otra vez. Su pasión visual por los fluidos corporales y por las transformaciones que puede sufrir el cuerpo humano son tema referente en cada uno de sus films. Hay un fetichismo marcado por ver lo que a occidente más le cuesta ver, y esto no es simplemente sexo y violencia, sino que es carne, sange y sobre todas los fluidos corporales. Lo denominado abjecto. Todo aquello que surge placer visualizarlo por su desagradable composición orgánica y poco definida. Así sus películas se pierden en definiciones y se hacen novedosas, no tanto por sus estructuras narrativas, sino que por las instalaciones que hay al interior de ella.

The brood (cromosoma 3) tiende a ser un guión clásico, de exactos 90 minutos, tiempo adecuado para este tipo de películas, pero su relación visual con el espectador, como casi toda la filmogrfía de Cronemberg, la hace especial, esto sumado a sus metaforas que dejan de ser metáforas al momento que las hace visuales y reales generando así un film alejado de la poesía metafísica, instalandolo dentro de una literalidad precisa. La historia es muy simple, una madre enferma que trata su ira con un médico con un método bastante extraño de tratar a sus pacientes, genera niños anormales que asesinan satisfaciendo sus deseos de odio sobre ciertas personas. En el contexto del cine fantástico ya se habían dado casos en donde los niños son seres malignos, y Cronenberg retoma esta idea, pero ahora los hace diferentes, sin ombligo, sin aparatos genitales, provocando así un doble miedo con respecto a ellos. El primero lo instala como un miedo a su no moralidad, dejando fuera su inmoralidad, son seres aculturizados aún. Actúan como fenomeno de sus deseos y de sus capacidades finalmente, pero no con la intención de hacer el mal. Eso es claro en la obra del canadiense, el mal como fenomeno más que como deseo maligno, en este caso es el mal como fenomeno de un deseo maligno literalizado. El segundo miedo ya lo había instalado Lynch anteriormente en Cabeza borradora, y se refiere a su aformidad, son creaciones virales, por ende creaciones entre una enfermedad y un cuerpo. Es el miedo a la biología, pero con una mirada exsitante más que como una molestia, lo que repele y fascina a la vez .
Es un juego común de este director la operación hipérbolica, de llevar al extermo sus deseos, sus visualizaciones y sus miedos, y eso hace que sus filmes tengan una carga autoral tan marcada, y un fetichismo que se ha ido renovando con el tiempo. "Es realmente un triunfo ser un virus. Mira las películas desde el punto de vista de las enfermedades. Podrás ver porque resistirian todos los atentados para destruirlos". Estas palabras de Cronenberg aparecen visualmente en su realización, el encanto por el virus, por su no decisión maligna, sino que su deseo de persistir viviendo, de adaptarse a su hábitat, que es en estos casos el cuerpo humano. No es el mal que se destruye y se acaba y todo vuelve a ser normal, es un mal sin causa, u
n mal fenoménico, que nace y se expande, sin poder determinar sus puntos iniciales ni finales. En The Brood esta idea se pierde un poco, no tanto así en sus otras obras, ya que el mal, si bien es un fenómeno tanto biológico, como mental y físico, deja de ser inalcanzable, ya que no se propaga con la idea de ser un virus, sino que lo hace desde una sola base que al ser destruída destruye a sus progenitores, aunque deja a la ambiguedad esto en un plano final en el brazo de la pequeña Candy, objeto principal de lucha en el film entre el padre (el civilizado) y la madre histérica. Y es en ella donde reside otro punto interesante de la película, ya que el postulado de la deformación corporal por una histeria mental, es que mentalidad y cuerpo están juntos y actúan paralelamente sin ninguno tener más furza que el otro, y posiblemente sea el cuerpo quien tenga algo más de fuerza. Deja de lado el "volver a ser quien fui", quien sufra trasformaciones corporales también las sufre en la conciencia y es ella la que se debe acomodar a los sucesos.Por otro lado, suspenso que en ocasiones funciona, en otras no. Actuaciones algo forzadas y una banda sonora que genera atmósferas extrañas de cine fantástico, pero es en sus secuencias más elaboradas, donde la operación fantástica y violenta está en acción presente donde la película comienza a tomar fuerza, en su bizarrismo, que es solo la primera capa de una serie de sentidos, miedos, obsesiones y postulados que parten en la ciencia, tan recriminada por el mundo del "arte"(en su expresión más cerrada), pero que se hace fundamental a la hora de hablar contemporáneamente.


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